domingo, 1 de mayo de 2011

Bireçik: mito, declive y conservación


Bireçik tiene tanta historia que sus nombres se han sucedido a gran velocidad. Su situación estratégica junto al Eufrates ha facilitado el asentamiento de diferentes culturas. En un principio probablemente se llamó SeleuciaPara los griegos fue en principio Zeugma (Ζεύγμα) y más tarde, Birtha (Βίρθα) y Makedonópolis. Birtha es también la palabra aramea para castillo. También se le llamó Bir, durante las cruzadas Bila, en árabe al-Bīrā البيرا‎ y en kurdo Bêrecûg.
En Bireçik cuentan la leyenda de que Noé, para verificar la existencia de tierra firme tras el diluvio soltó un ibis eremita que lo condujo hasta un lugar donde se instaló el patriarca con su familia. Ese lugar era Bireçik. Las personas construyeron un castillo en lo alto de un promontorio, los ibis, llamados en turco kelaynak, instalaron su colonia en el acantilado y la ciudad creció a sus pies.
Al ibis se lo consideró un símbolo de renacimiento, de fertilidad. Cuando, tras la migración invernal que realizan las poblaciones orientales de esta especie, las aves regresaban a su colonia, se consideraba que el invierno tocaba a su fin y se celebraba una bienvenida en una fiesta a mediados de febrero.
A orillas del Eufrates, los barqueros que garantizaban la travesía del río eran también garantes del respeto a los ibis que anidaban por cientos. Se consideraban, en cierto modo, herederos de la tradición náutica de Noé.

Barqueros del Eufrates en Bireçik (foto Cafer Turkmen, 1954)
Sin embargo, la construcción del puente sobre el Eufrates hizo que la profesión de barquero cayera en desuso, la inmigración aumentó y la tradición se fue perdiendo. Del mismo modo, el incremento de la actividad agrícola y la lucha contra el paludismo incrementó el uso de pesticidas lo que empezó a afectar seriamente a los ibis y la creciente población supuso un problema para las aves que anidaban en tan estrecha familiaridad.
Nidos de ibis eremita en Bireçik, 1954
Cuando Udo Hirsch visitó Bireçik en 1971 en una misión de WWF apenas quedaban treinta parejas y once juveniles, resto de una población de muchos cientos. Uno de los logros de Hirsch fue recuperar el festival de bienvenida a kelaynak, después de muchos años sin realizarse.
Esta reducción alarmante, unida a la pérdida de efectivos que no regresaban de la migración invernal llevó al gobierno turco a tomar la dura medida de encerrar a la población turca durante una parte del año en un enorme aviario del que se permite salir a los animales durante la época propicia.
Kelaynak, el ibis eremita, ha vuelto a ser un símbolo de Bireçik que constituye un lugar muy visitado por los turistas en Anatolia.
Monumento al kelaynak, en Birecik


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