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miércoles, 9 de noviembre de 2011

El Oued

En los años 1970s  los hermanos franceses  Michel y Jean-François Terrasse realizaron un documental de este título en el que se aprovechaba el discurrir de un río marroquí, concretamente el complejo Ouarzazate-Todra-Drâa, para recorrer los distintos hábitats, desde las alturas del Atlas hasta las puertas del desierto. Estos hermanos destacan no sólo por su labor pionera en la filmación de la naturaleza, sino por su impulso de la conservación de las rapaces de montaña, entre otras especies.


A lo largo de la cinta el protagonista no es solamente el río Drâa, sino que el ibis eremita aparece sucesivamente a lo largo del recorrido. Estas tomas de hace cuatro décadas nos muestran aspectos sorprendentes de las colonias existentes en aquella época y ya desaparecidas, como los ibis volando contra las cumbres nevadas del Alto Atlas o anidando en las torres de Aït Benhaddou. 
En el Alto Atlas se observan magníficas imágenes de la reproducción de los ibis eremitas en riscos de  arenisca donde se asientan colonias con decenas de nidos. Además, se ve a los ibis en busca de alimento en los sembrados al pie mismo de las colonias, muy próximos de las personas y el ganado.


En Aït Benhaddou encontramos a los ibis anidando sobre las torres de las qasbas (casbas o alcazabas, قصبة) o tighremt, en la vecindad de las  cigüeñas. El documental nos muestra nidos en al menos tres torres diferentes asentados sobre aleros de cañas que sobresalen de cada esquina. Este tipo de estructuras de caña formaba parte de un alero que, cubierto de tapial servía de protección de los muros ante la lluvia torrencial.
Esta ciudad fortificada fue declarada patrimonio de la humanidad en 1987, pero también ha sido protagonista, más que escenario, de multitud de películas (The man who would be kingThe MessageJesus of Nazareth, ...). Durante el rodaje de alguno de aquellos largometrajes de la década de los 1970s (hacia 1974) se realizaron reparaciones en los edificios y los nidos fueron destruidos y nunca volvieron a recuperarse.
Gracias al testimonio de este documental se puede ver hasta qué punto la conservación del ibis eremita no es incompatible con ciertas actividades humanas. 
Como ocurría en Bireçik los ibis pueden vivir en cercana vecindad con las personas, aunque tanto en la ciudad del Éufrates como en el ksar de Aït Benhaddou puede que se sobrepasaran los límites de la convivencia.

viernes, 7 de octubre de 2011

La pequeña glaciación

Con frecuencia se critica el intento de justificar un gran número de hechos históricos por causas climatológicas. Sin caer en el determinismo climático, somos muy conscientes de hasta qué punto el clima (y las buenas o malas cosechas, las epidemias o cualquier otro factor dependiente del mismo) influye en el presente.
En un pasado no muy lejano, Europa pasó por una serie de notables cambios climáticos. A partir, aproximadamente, del siglo X, empezaron a suavizarse las temperaturas en el área del Atlántico Norte, lo que permitió que se cultivaran viñas en Inglaterra o que los vikingos expandieran su dominio y alcanzaran y colonizaran Groenlandia y partes de Terranova.

Ruinas de la iglesia de Hvalsey, en la Groenlandia noruega. Los asentamientos vikingos establecidos a lo largo del periodo cálido medieval desaparecieron a principios del siglo XV en parte debido a las consecuencias de la pequeña edad de hielo.

Este óptimo climático medieval permitió que la frontera agrícola ascendiera, que se cultivaran zonas más al norte y más altas en las montañas. Tanto el clima templado como la expansión de cultivos y pastizales probablemente ocasionó que algunas especies disfrutaran también de una cierta expansión. El nombre de Waldrapp (Cuervo de bosque) parece vincular al ibis eremita con ecosistemas que ahora nos parecen chocantes, pero tal vez en este período cálido medieval no fuera infrecuente en las áreas clareadas de los bosques alpinos.

 El clima en Europa comenzó entonces a enfriarse, a partir del s. XIII y desde la segunda mitad del siglo XVII hasta mediados del XIX el frío fue realmente intenso lo que se ha dado en llamar pequeña edad de hielo. Probablemente ese enfriamiento trajo consigo todo un cambio en los sistemas de producción, probablemente el abandono de cultivos en cotas elevadas, la pérdida de pastizales a favor de zonas boscosas. Además, la meteorología se haría más severa y la travesía de los Alpes para migrar hacia el sur, debió de suponer un mayor desafío. Por lo general, se le atribuye a este periodo frío un cierto papel, al menos parcial, en la extinción del ibis eremita en Europa central.

La Mer de Glace desde Montenvers, región del Mont Blanc. A la izquierda, pintura realizada poco después del máximo de la pequeña edad del hielo y a la derecha, una foto de 2000. Se comprueban los diferentes niveles del hielo comparando dos mismos puntos. La pintura es de la Colección Gugelmann, Biblioteca Nacional Suiza, Berna; la foto de M. J. Hambrey, 2000.
No cabe duda, sin embargo, que otros fenómenos de este largo periodo, como las incesantes guerras o la pandemia de peste negra del siglo XIV, con rebrotes durante los siguientes cuatro siglos, debieron influir en el despoblamiento de amplias zonas. Precisamente, no deja de resultar pintoresco el atavío de los médicos que se ocupaban de los apestados, con su máscara ornitomorfa... ¿representaría algún tipo de córvido? El pico es demasiado largo y curvado...
La documentación divulgativa y científica sobre estos dos periodos es abundante, y trata de la extensión de los glaciares, los sedimentos, las inundaciones, sequías o grandes nevadas, las hambrunas o el precio de los cereales, todos ellos indicadores de la climatología.
Waldrapp de Gesner

Sin embargo, existe menos información sobre los cambios en la fauna silvestre, aunque parece que también, además de la desaparición del ibis eremita, se produjo la regresión de alguna perdiz del género Alectoris, llamada Steinhuhn en alemán (probablemente Alectoris graeca, Alpensteinhuhn), que aparentemente debía ser común en el valle del Rhin en el s. XVI. En la actualidad, las perdices de este género tienen una distribución bastante más meridional.

La influencia de la pequeña edad del hielo en el sur de España parece que generó un aumento de los fríos y de las lluvias y a cambios en la vegetación esteparia que, según algunos autores, contribuiría a la desaparición del ibis en la Península Ibérica.

viernes, 22 de julio de 2011

Los últimos ibis de Europa central


Probablemente la última referencia a ibis vivo que se tiene en Europa es la que procede de Eleazar Albin, naturalista y acuarelista inglés del siglo XVIII que escribió entre 1731 y 1738 su Natural History of Birds. En el suplemento de esta enciclopedia trata del "cuervo de bosque de Suiza", Woodcrow from Switzerland, y lo ilustra con una acuarela.
Realiza una descripción muy precisa de sus hábitos, señala que anida sobre todo en ruinas de torres, sus hábitos de alimentación, la época de reproducción ...
Todo parece indicar que se trata de una especie todavía existente en esas fechas.
También indica que los pollos son un apreciado manjar, de carne dulce y tiernos huesos, y que los que los recolectan dejan uno para que los padres vuelvan y no aborrezcan el nido. Parece ser que también eran bastante fáciles de domesticar (de ahí la frecuencia de representaciones de inmaduros).
Menciona como nombres vernáculos Waldrapp y Steindrapp, esto es, cuervo de bosque y de roca.
El ejemplar que dibuja es un animal disecado, procedente de la colección de Sir Thomas Lowter, un terrateniente de Yorkshire. La fidelidad de la acuarela hace pensar que se tratara de un ejemplar bastante bien conservado, por lo que cabe suponer que no sería muy antiguo lo que, unido a que Albin utiliza el presente para hablar de él, hace pensar que, tal vez, la especie existiera todavía en esas fechas.


miércoles, 25 de mayo de 2011

Ibis eremita en Europa Central

Ibis en el libro de la ciudad
 de Waidhofen
Para algunos autores el ibis eremita es mencionado porPlinio el Viejo, en su libro X, como propio de los Alpes. 
De lo sí que existe constancia es de que fue una de las primeras especies oficialmente protegidas en Europa cuando, en 1504, el príncipe-arzobispo de Salzburgo Leonhard von Keutschach decretó medidas de conservación. A partir de entonces siguieron otras normas de protección en Schlossberg, Graz, ...
El ave debía estar muy extendida por Europa central. Además de las imágenes publicadas en libros de historia natural, como los de Gesner o Aldrovandi o la imagen capitular del libro de la ciudad de Waidhofen, existen otros testimonios gráficos del conocimiento del ibis en varias localidades, varias de ellas anteriores a los decretos de protección o a los mencionados libros.

Por ejemplo, parte de la economía medieval de la ciudad de Burghausen, en Baviera (Alemania) dependía del tráfico fluvial de sal. En una ilustración sobre el pago de peajes de los barcos que transportaban la sal se pueden ver tres aves que bien podrían ser ibis eremitas sobrevolando la ciudad.

 Además, en una pintura bávara de finales del siglo XV de la colegiata de Rottenbuch que representa la oración de Cristo en el Monte de los Olivos, muestra, en la esquina inferior derecha, una clara representación de un ibis eremita joven.
Como ya se ha mencionado, la abundancia de representaciones de ibis eremita inmaduros tenga su origen, probablemente, de que se recogieran pollos de los nidos y se criaran en cautividad. Se trata, probablemente, de la primera representación realista de un ejemplar de ibis eremita.
También aparece en el Missale Romanum de 1582 que se conserva en Viena. En este artículo de Hans Kumerloeve que revisa la información sobre el género Geronticus   se pueden encontrar un buen número de láminas a partir del s. XVI, tanto científicas como simples iluminaciones de textos, como la del citado misal.


Fresco muy deteriorado de la iglesia de Hrastovlje,
 en Eslovenia, que muestra un ave, tal vez un ibis 
eremita, entre dos personas. 
Por otra parte, al sur de los Alpes, en Eslovenia, existe una iglesia en Hrastovlje, donde se han conservado muy precariamente unos frescos de la misma época que podrían mostrar a un ibis eremita
Esto podría reforzar la idea de que la especie se encontraba en esta región. De hecho, la ilustración de Aldrovandi del Phalacrocorax es Illyrio missus indicaba también la procedencia del ejemplar ilustrado (Illyria era el nombre latino de la parte occidental de la península balcánica, que incluiría la vecina Eslovenia).
En lo que respecta a otras citas en Chequia, Eslovaquia o Polonia, una revisión de las posibles citas históricas de la especie revela que, sin que se pueda descartar que la especie visitara ocasionalmente estos países, las referencias documentales que se refieren presuntamente al ibis eremita puede que no sean fiables.




Cuando, en 1899 apareció la ilustración  de Otto Kleinschmidt una pareja de ibis eremitas sobre unas ruinas de piedra contra un fondo de montañas alpinas, en el Naturgeschichte der Vögel Mitteleuropas de Naumann, la especie ya había desaparecido de Europa.
Sin embargo, el propio Kleinschmidt había contribuido, en cierto modo, a resucitar al ibis eremita como ave europea, como constata el título del artículo que firmó con Rothschild y Hartert: Comatibis eremita (Linn.), a European bird.





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